Escribí una versión de este mensaje en inglés, pero sinceramente… necesito decirlo en mi idioma. Necesito sacarlo como lo siento. Porque lo que hay aquí es frustración, es cansancio, y también una gran decepción.
Ya basta.
Otra vez los mismos correos. Otra vez las mismas historias. Intérpretes recibiendo notificaciones de LSPs “reconocidos” informando que las tarifas van a bajar… otra vez.
¿Y la razón?
“El mercado.”
No.
No es el mercado.
Porque si realmente fuera el mercado, lo veríamos en la demanda. Menos llamadas, menos volumen, menos trabajo.
Pero no es así.
Las llamadas no paran. Una tras otra. Filas llenas. Clientes esperando. Intérpretes agotados.
Entonces dejemos algo claro:
Esto no es el mercado.
Es una decisión.
Y una muy consciente.
Porque aquí la lógica es absurda: hay demanda constante, el servicio es esencial, dependes de intérpretes para que todo funcione… ¿y la solución es pagar menos?
No tiene sentido.
A menos que digamos la verdad.
Esto está pasando porque creen que pueden hacerlo.
Porque asumen que siempre habrá alguien dispuesto a aceptar menos.
Porque creen que los intérpretes de español somos reemplazables.
Porque somos muchos.
Y por eso, según ellos, valemos menos.
Y ese es el verdadero problema.
Esta industria se ha acostumbrado a devaluar a quienes la sostienen.
No somos mano de obra barata.
Somos profesionales.
Tenemos formación, certificaciones, experiencia en contextos médicos, legales, situaciones críticas donde un error no es una opción.
Y aun así, las tarifas que ofrecen son, sinceramente, una falta de respeto.
A este punto uno se pregunta:
¿De verdad esperan que aceptemos esto?
¿Qué sigue?
¿Trabajar gratis?
¿Cobrar 5 dólares por llamada sin importar si dura cinco minutos o una hora?
Porque hacia ahí vamos.
Y ahora viene lo importante.
Esto no va a cambiar si seguimos haciendo lo mismo.
Si seguimos aceptando.
Si seguimos en silencio.
Si seguimos conectándonos como si nada.
El cambio empieza cuando dejamos de permitirlo.
Hay que hablar de tarifas, sin miedo.
Hay que rechazar ofertas que no respetan nuestra profesión.
Hay que dejar de competir hacia abajo entre nosotros.
Hay que apoyar a quienes dicen “no” en lugar de reemplazarlos.
Hay que exigir respeto, no pedirlo.
Porque cada vez que alguien acepta menos, el estándar baja para todos.
Y así, poco a poco, están convirtiendo esta profesión en algo insostenible.
No somos “voces en una llamada”.
Somos el puente entre personas en momentos reales, importantes, muchas veces críticos.
Y si nosotros no defendemos el valor de nuestro trabajo, nadie lo va a hacer por nosotros.
Así que la pregunta ya no es:
¿Por qué están bajando las tarifas?
La pregunta es:
¿Hasta cuándo lo vamos a permitir?
















































